RECETAS

Sgroppino: un clásico italiano que amamos

Hace un par de semanas dicté un taller que me encantó. Fue sobre “el lado b de la coctelería italiana”. Hablé acerca de cócteles famosos y no tan famosos que escapan al Aperol Spritz y a la familia del Negroni, que probablemente sean los más conocidos por acá. Conté historias posibles acerca de cuatro recetas y enseñé a hacerlas. Son todas fáciles de ejecutar, porque los italianos son italianos y esa es su magia: buena materia prima, pocos ingredientes, atardeceres y mucho griterío.

Hoy traigo a la mesa un clásico de la coctelería italiana, famoso en Argentina con otro nombre y tintes claramente reminiscentes a los ’90, como el menemismo y las canchas de paddle. Capaz nada que ver, pero como nací a fines de los ’80, mis primeros registros de esta bebida datan de esa época.

Cómo lo conocí la segunda vez

Éramos un grupo de bartenders en Londres viviendo la buena vida. Era martes pasado el mediodía, estábamos en Termini Soho tomando Negronis y espressos, y como habíamos planeado desde que estábamos en Ezeiza, el siguiente paso era ir a Swift -que está justo enfrente- a tomar su famoso lemonchamp.

En esa época yo todavía fumaba, así que entre bar y bar me quedé en la vereda fumando un cigarrillo. Mientras estaba ahí, los demás ya se habían acodado en la barra, habían pedido sus cócteles y yo trataba de no mirar pero ya había visto -y no podía no mirar- por primera vez, a una persona fumando crack tirada en la calle.

Entré Swift y le pedí al bartender -en inglés- un lemonchamp. El pibe se río y me dijo “sos argentina, ¿no?”. En el momento me sorprendió, pero teniendo en cuenta que hacía diez minutos que habían entrado ocho bartenders argentinos, tampoco había que ser Ludovica Squirru para adivinar. Ahí me enteré que somos los únicos en el mundo que le decimos así a la mezcla. En verdad se llama “sgroppino”.

El que tomé ahí llevaba helado de limón, rosolio di bergamoto (que es un licor con pétalos de rosa y bergamota, como el nombre indica) y proseco.


La historia del Sgroppino: Descartes tiene dudas

Parece ser que en el siglo XVI (¡¿o sea, KEEEEEEE?!) en las afueras de Venecia, un sirviente o una sirvienta inventó esta mezcla a modo de “bajativo”.  Para dar contexto, esto sería un rato después de que los españoles llegaran a América.

Claramente si alrededor del año 1500 tenías a disposición frío suficiente para hacer algo que se parezca a un sorbete, también tenías sirvientes y títulos nobiliarios y tu vida era un banquete constante hasta que dejaba de serlo, puesto que la expectativa de vida era baja.

“Sgroppino” significa “nudito” y se refiere a esa sensación que te queda en la panza cuando ingeriste las calorías que necesitaba tu cuerpo, más las de un tercio de los trabajadores de tu reino en una sola sentada. Para desatar ese nudito, al final de la comida o incluso antes del postre, los que podían se tomaban un regio lemonchamp. 

En muchas recetas online figura que también lleva un poquito de vodka. No me parece necesario, ni históricamente verosímil. No le pido mucho a la historia, pero ya vodka en la Italia del siglo XVI es demasiado. Vi otras con lemoncello y ahí sí compro.

Si es más viejo que la democracia republicana y sigue en pie, vale la pena probarlo.

Receta, o recetas

Foto de Ema Blom

Como en Argentina es usual que se tome en las casas para fin de año, hay variedad de recetas, rituales y casi siempre un familiar designado para esta tarea. Lo más común es meter helado de limón (que quiebra stock durante la segunda quincena de diciembre porque no es temporada de limón -convengamos igual que buena parte de las heladerías pueden prescindir de los limones para hacer helado de limón- y porque se concentra el consumo del año) y espumante extra brut en una licuadora y mandarle cumbia. A continuación, se lo sirve en copas de sidra.

Si me seguís desde la primera hora te preguntarás cómo sé todo esto yo si vengo de familia de abstemios a los que la comida les da igual. Bueno, he sido invitada a otras casas y he visto lo superadores que son los festejos cuando a la gente le importa lo que come y bebe. 

Me cuesta un poco la idea de licuar algo con gas, para ser honesta. La versión que propongo no es licuada, aunque no me opongo a lo licuado, capaz en ese caso usaría vino blanco tranquilo. Este se consume mitad bebido, mitad cuchareado:

  • 1 bocha de helado de limón al agua
  • 10 ml lemoncello (a ver si las tías jugadoras de canasta se copan compartiendo la producción del invierno)
  • Espumante Extra Brut frío

Lo ideal sería que la copa esté fría. Si vas a prepararlo para las fiestas, ya sabemos que será imposible porque las heladeras están siempre colapsadas, así que omití el paso mientras yo miro para otro lado.

Algunos helados tienen algo que hace que la cosa se ponga espumosa de más. Entonces, lo mejor es que sirvas el lemoncello con el espumante frío -esto es innegociable- y al final, con cuidado le pongas la bocha de helado. Para darle aroma y que se vea más hermoso en Instagram, le podés rallar encima la parte de color del limón.

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