RECETAS

Receta de (no) licor cremoso sin alcohol

La semana que pasó hubo dos acontecimientos: el primero es que di un taller sobre licores caseros al que se sumó muchísima gente; y el segundo, es que cumplí un año sin fumar.

Evitaba mostrarlo en redes, pero cualquiera que me haya visto en la vida real sabía que fumaba muchísimo y, contra mi propia proyección, logré dejar. De más está decir que no amanecí un día soleado y pensé “qué bello aire, ¿por qué estoy mandándole humo a mis pulmones con lo importantes que son para respirar y amanecer y mirar por la ventana un día soleado y hacerme preguntas?”. Fue bastante más gore la secuencia que me llevó a dejar el tabaco.

Como corresponde “al último” en contexto de vicio, fue poco glamoroso. Lo fumé en la vereda de abajo de mi casa mirando cómo un camión hormigonero giraba y pensando “acá vamos”. Mis mantras en la lucha incial -que fue cuerpo a cuerpo- fueron las frases “fumar no me quita las ganas de fumar, me produce ganas de fumar” y “elijo no dañar mi cuerpo”. Esta última es bastante más border evangelismo, pero como ambas me trajeron hasta acá, diré que me funcionaron (y que funcionan aunque no las cantes).

Si bien fue casualidad que el taller y mi aniversario sin humo fueran en estos días, esa coincidencia me llevó a pensar en algo sobre lo que suelo pensar, que es la salud en relación a las barras. Reflexiono acerca del tema en general: ya sea sobre el bienestar de quienes trabajan en ellas (y terminan el servicio con dolor de piernas o las manos lastimadas o incluso habiendo bebido tanto como varies clientes y sin lograr dormir), o el de les consumidores.

Al principio de la cuarentena, de hecho, escribí que muchos de nosotres estamos bebiendo más que lo usual y ofrecí algunas recetas de cócteles ricos, que cumplen su función de cóctel (en términos de “momento”) y a la vez tienen poca graduación alcohólica.

Ahora, all in (nunca más all inclusive)

Dejen, me voy sola. 

Yo sí tomo agua, me encanta tomar agua. Pero re tomaría mil veces más vino, whisky y mezcal por ejemplo, si no tuvieran alcohol. Haría de mi dieta líquida una mezcla de café, mate, agua, vino, destilados, y jugo de pomelo y mandarina. 

Personalmente, tomo menos alcohol que la media de las personas que trabajan en gastronomía y probablemente que muchas personas que trabajan en otros trabajos. Y es así porque no me gustan los estados de alteración de conciencia, es decir, me molesta que cuando bebo mi sistema nervioso deje de funcionar como lo hace normalmente. Entiendo que hay consecuencias no inmediatas del consumo de alcohol sobre el cuerpo, pero a priori me jode eso.

Y soy bartender, armé una receta de licor cremoso sin alcohol, que por supuesto no es un licor. Te digo así como para que te des cuenta de qué te estoy hablando. No es un licor, peeeero, puede cumplir igual la función de tomar algo con un determinado perfil de sabor y más bien dulzón luego de la cena, sin consumir alcohol.

Aperitivos sin alcohol

Esto de generar bebidas sin alcohol que emulan otras que sí tienen alcohol no es ni algo nuevo, ni algo que se me ocurrió a mí. Hace ya algunos años se está construyendo conciencia en relación al consumo de alcohol y especialmente a su consumo problemático y hay marcas que se han hecho eco y diseñado productos para incluir a quienes nunca bebieron, a los que dejaron de tomar y a los que a veces, no prefieren no meterle alcohol a su cuerpo.

En Europa ya es bastante usual la oferta de cervezas sin alcohol bastante copadas como Peroni o Birra Moretti. Así como de otras bebidas: Martini comercializa un “sparkling drink”, que emula un espumante y también dos aperitivos no alcohólico que se llama “vibrante” y “floreale”.

Si te interesa seguir reflexionando acerca de tu relación con la bebida o conocer estrategias para mantenerte sobrie y no dejar de tener una vida social, te recomiendo la cuenta de Sober Girl Society

Me llamó mucho la atención que muestren una manera de evitar que en Instagram te aparezca publicidad vinculada a bebida. Ahí me di cuenta de lo importantísimo que es contar con la posibilidad, casi como un derecho, de evitar publicidad de sustancias potencialmente adictivas. Hace años que no se puede publicitar tabaco en Argentina y de sólo pensar en que me aparecieran fotos de gente feliz en la cima de una montaña (pues idea de recompensa) fumando en mi etapa de abstinencia me da ganas de llorar y gritar al mismo tiempo.
 

“Ese no es el inspector de billeteras”*

Esto es un White Russian, pero se parece mucho.

Te va a requerir un toque de laburo, pero nada que no te haya propuesto antes. Armé dos recetas: una de mínima y otra de máxima. O sea, la que sería el escenario ideal y la que funciona, pero no es la mejor.

Justamente porque no tiene alcohol esto es perecedero. Tiene bastante azúcar así que un par de noches en la heladera se banca, pero no más que eso. Calculale tres noches. Te recomiendo entonces, que hagas poca cantidad. No puedo todo junto: esto tiene grasa y tiene azúcar, pero no tiene alcohol. Si le quito otra de las cosas cuyo consumo excesivo deteriora la salud, ya no se va a parecer mucho a un licor cremoso.

Como nunca jamás hago, las recetas esta vez no rinden un litro, así te ahorrás lo de hacer tanta regla de tres simples. Son para hacer medio litro: lo pensé como para que dos personas se tomen una medida generosa -que no es medida- cada noche, durante tres.

Jamás de los jamases mido cosas por volumen, soy una militante del uso de la balanza pero las cantidades acá serían rarísimas y sé nada explota si le ponés un poquito más o un poquito menos de algo.

La de máxima:

  • 300ml mix de té negro y té lapsang souchong endulzado con azúcar de mascabo(ahí te explico esto)
  • 45ml café cold-brew
  • 1/2 pote de leche condensada
  • Extracto de vainilla natural
  • 50ml crema

Para el mix de té mágico

El té lapsang souchong es ahumado, rico, pero invasivo. Entonces lo que recomiendo es que calientes (no hiervas) 350ml agua y le sumes 3 cucharadas soperas de té negro en hebras y una cucharada de té de lapsang souchong. Y que luego de 4 minutos lo cueles y le agregues una cucharada sopera de azúcar de mascabo.
 

Para el cold brew 

Vas a hacer de más con esta receta, con lo que te sobre te recomiendo que confíes y prepares esta mezcla poco usual.

Sorry, acá sale por peso. 

  • 35g café molido grueso
  • 500ml agua

Sólo tenés que poner ambas cosas en un frasco, meterlo en la heladera y esperar 16hs horas aprox. Ahí lo filtrás, lo embotellás y lo guardás refrigerado.


La de mínima:

  • 300ml mix de té negro endulzado con una cucharada sopera de azúcar común.
  • 45ml café frío
  • 1/2 pote de leche condensada
  • Esencia de vainilla
  • 50ml crema

Muteen mi micrófono: el ensamblaje.

Metes todo en una licuadora, licuás hasta que se haya integrado y lo embotellás. Si no tenés licuadora, lo podés hacer con minipimer. Si no tenés minipimer, lo podés hacer con una batidora. Si no tenés batidora, entonces lo metés adentro de un frasco, revolvés un poco y luego tapás y batís. Fijate que cierre bien, que no quiero ir a tener que limpiar tu casa. Ya la mía me está mirando mientras escribo esto porque dije “la palabra con L”.
 

Ey, vos, no te pongas violente

Tranqui, que hay sal marina. Si sos vegane, no puedo asegurarte que sepa igual a nada, pero ya debés estar acostumbrade a eso. Puedo darte una alternativa que igual va a ser rica y sin sufrimiento animal.

En vez que leche condensada y crema, podés hacer un sustituto con coco. Calentá 200ml leche de coco con 100g de azúcar para que se disuelva y esperá que se enfríe. Volvé a la receta de arriba que más se ajuste a tus posibilidades.

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