POPURRÍ

DDHH: soberanía y seguridad alimentarias

Hace unos meses subí a stories la tapa de “Una historia social de la alimentación” de Patricia Aguirre, una lectora me contestó que estaba estudiando con ella así que este 2021 terminé sumándome al módulo sobre alimentación de un posgrado en derechos humanos.

Hay un concepto que había escuchado en más de una oportunidad y que fue el hilo conductor de las clases. Es el de soberanía alimentaria. Fiel a mi estilo Hermione Granger, armé un resumen para la entrega hoy.

También hay otro concepto, que yo no conocía y sobre el que hoy también te comparto algunas notas. Es “seguridad alimentaria”.

¿De qué hablamos cuando hablamos de soberanía alimentaria?

Del derecho de los pueblos, las comunidades y los países a definir sus propias políticas agrícolas, de trabajo, pesca, alimentación y tierras, que sean adecuadas desde el punto de vista ecológico, social, económico y cultural a sus circunstancias únicas. Esta incluye el verdadero derecho a la alimentación y a producir el alimento, lo que significa que todo el mundo tiene el derecho a una alimentación inocua, nutritiva y culturalmente adecuada y a los recursos para producir estos alimentos, así como el derecho a poder alimentarse a sí mismo y a sus sociedades.

Hablamos de un derecho que vincula la producción de alimentos con la alimentación. El análisis que subyace es uno que denota la adopción de una mirada compleja: es un sistema abierto al medio, entonces no puedo quitar el componente económico -o cultural o ecológico-  y aún así explicar el fenómeno.

En la primera parte, la definición se refiere más bien al sector productivo y a la promoción de lo local vs. lo global. Apunta an que las políticas de producción sean decisiones tomadas en base a las necesidades actuales y futuras de una sociedad determinada priorizando la producción a pequeña escala por sobre las importaciones.

Suena a obvio, pero es una forma de parársele de manos al neoliberalismo y a la valorización de la industria alimenticia por sobre la de la producción de alimentos. Un ejemplo actual de política alineada al concepto de soberanía alimentaria es el proyecto de ley de etiquetado frontal que sigue en tratamiento.

La parte de “inocua, nutritiva y culturalmente adecuada” me pareció especialmente interesante.  Se refiere a que la forma de ejercer tu derecho a la alimentación no puede enfermarte (comer fideos de harina de trigo no cuenta como cumplimiento del derecho si tenés celiaquía), los objetos comestibles no identificados tipo “bebida láctea sabor a frutilla” que están llenos de azúcar, sal, grasas y aditivos tampoco se alinean con el ejercicio del derecho a la alimentación porque las calorías que proporcionan no nutritivas. Para lo de “culturalmente adecuada” tengo un ejemplo muy burdo: si sos hindú, que haya vacas no significa que hay comida.

¿De dónde viene este concepto?

En 1996 FAO (Food and Agriculture Organization de Naciones Unidas) organizó una Cumbre Mundial sobre Alimentación “como respuesta a la persistencia de una desnutrición generalizada y a la creciente preocupación por la capacidad de la agricultura para cubrir las necesidades futuras de alimento”. Ahí, Vía Campesina propuso la primera definición de soberanía alimentaria. Con el tiempo y la sucesión de cumbres y asambleas, el concepto fue pulido hasta llegar a la definición más actual, que es la del apartado anterior.

Las preocupaciones centrales en esa mega reunión eran que había un porcentaje muy alto de personas en el mundo que pasaban hambre y que no estaban seguros de que se pudiera producir suficiente alimento para cubrir las necesidades de esas personas.

Vía Campesina es un movimiento que articula 182 organizaciones campesinas en 81 países. Se creó en 1993 en Bélgica para fomentar alternativas a las políticas neoliberales de producción y consumo de alimentos, promover la agroecología, defender la producción local de semillas y los derechos de las y los campesinos.

El camino hacia la soberanía alimentaria

Vía Campesina propone una serie de principios que funcionan como posibles fundamentos de políticas públicas orientadas a lograr la soberanía alimentaria de un país.

Algunas puede que te suenen si estudiaste algo vinculado a humanidades en la facu porque -aunque muy posteriores- se parecen a las propuestas de “X de la liberación”: reforma agraria, protección de los recursos naturales, reorganización del comercio de alimentos, eliminación de la globalización del hambre (no entiendo bien cómo este es un medio y no un objetivo, comparto mi duda), control democrático y varias más.


¿De qué hablamos cuando hablamos de seguridad alimentaria?

Este concepto, a diferencia del anterior no fue propuesto por organizaciones de base, sino por FAO post segunda guerra mundial. No incluye ni el componente campesino/rural, ni el cultural. Aún así, hay consenso respecto de su definición y me parece que suma mucho al análisis, veamos (iba a decir que en este momento es cuando me veo a mí misma con el puntero pero esa palabra ya no significa lo que significaba cuando yo iba a la escuela y todavía había tarima):

El objetivo final de la Seguridad Alimentaria en todo el mundo es asegurar que toda la gente tenga, en todo el momento, acceso físico y económico a los alimentos básicos que necesite (…) la Seguridad Alimentaria debe tener tres propósitos específicos: asegurar la producción alimentaria adecuada; obtener la máxima estabilidad en el flujo de tales alimentos y garantizar el acceso a los alimentos disponibles a los que necesitan.

Okey, entonces acá se suman algunos componentes interesantes:

  • Disponibilidad: tenés que poder producir tus propios alimentos o poder obtenerlos a través del mercado.
  • Accesibilidad: tenés que poder pagarlos o tener los medios para producirlos vos misme y también tiene que estar en tus posibilidades trasladarte hasta donde se consigan. La clave acá es que la carga económica que implique tu alimentación no debe ser tan grande que ponga en juego el ejercicio de otros derechos. El tiempo que requiera gestionar alimentos no debe ser tanto que te impida ir a la escuela o a la universidad, por ejemplo. 
  • Adecuación: los alimentos deben tener una mezcla de nutrientes que permita llevar una vida sana y ser inocuos. Que es en verdad una vara más baja, porque según yo entiendo, si algo te enferma, no te está nutriendo.
  • Sustentabilidad: la satisfacción de necesidades actuales no debe poner en riesgo la satisfacción de necesidades de futuras generaciones. Pero vaya si lo está haciendo. Me pregunto si los del foro mundial del clima a veces se juntan con los del foro mundial de la alimentación o prefieren que la final no se tenga que jugar en Madrid.

El circuito de producción y consumo, a grandes rasgos

Ilha das Flores, un documental cortito. Desde “La conjura de los necios” que algo no me parecía tan gracioso y horrible a la vez.

¿Por qué es importante hablar de soberanía alimentaria y seguridad alimentaria ahora?

Porque estamos frente a una crisis alimentaria que es estructural, global y paradojal. Patricia Aguirre (soy su fan, Doctora, me puse colorada cuando le hice preguntas en clase) define y explica:

  • Es global porque si bien está enfocada en las sociedades capitalistas occidentales, sus consecuencias -climáticas, por ejemplo- se sienten más allá de ellas.
  • Es estructural porque los problemas se presentan simultáneamente en las principales áreas implicadas en la alimentación, que son la producción, la distribución y el consumo.
  • Es paradojal porque hay alimentos para que coman todos los habitantes del planeta -y más- con una dieta que los nutricionistas consideran adecuada para la vida (acá el cálculo está hecho en calorías sin mediar el componente cultural).

Estos datos me dejaron en shock porque no sabía cómo conseguirlos. Más de una vez escuché que en verdad hay comida para todos, pero que el reparto desigual de la riqueza hace que siga habiendo hambre; o bien que produciendo sin agroquímicos (recordemos que el glifosato llegó a Argentina a fines de los ’90 y con él la sojización) es imposible abastecer a la población. Bueno, según FAO en 1964 había 2358 kcal por persona por día disponibles, en 1984 fueron 1655 kcg y en el ’85 se llegó a las 2700 que la misma organización calcula como necesarias para tener una vida productiva y activa (esos adjetivos ciertamente no representan mi accionar el último fin de semana, ya que estamos). Esa cifra desde entonces nunca bajó, por el contrario, se mantuvo en alza.


Comemos como podemos

Ooooobvio que esa energía no estaba compuesta por brócoli, aceite de coco, harina de almendras y demás insumos que a les nutricionistes les encanta sumar a las dietas, sino más bien por azúcares, hidratos de carbono, aceites refinados, lácteos y grasas en un 70%.


La anchoíta del postre

En la primera edición de Revista Anchoa, Franco Fubini de Natoora publicó una nota que se tituló “Lo que comemos cuenta”, ahí vi varios datos que pueden sumar a la foto de hoy y transformarse en bibliografía complementaria.

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