RECETAS

Paper Plane: un cóctel simple y delicioso

Con esto de la cosa digital en la que nos hemos tenido que zambullir-a veces contra nuestra voluntad- por la pandemia, mi ya rebozante almacenamiento de Google Drive cantó flor. No sólo no tengo más lugar en el teléfono, ni en la tablet, sino que ahora este otro maldito empezó a gritar. 

Después entendí. Yo leí el libro de Marie Kondo -la gurú japonesa del orden y del desapego material- hace unos años y me sirvó, sólo que en ningún momento Marie te plantea que te sientes frente a una planilla de diferencia de inventario de un bar que no existe hace cinco años y pienses si esa hoja de cálculo te proporciona felicidad.

Asi es que encontré de todo: posta había pedidos de vinos de hace 5 años, cronogramas de limpieza profunda, listas de chequeo, listas de precios que no entendés ya si están en otra divisa o qué, y así…

Y entre todo eso, hubo un hallazgo.


Esto se lee con voz de relator de noticias de los ’80


Corría el año 2016 y con Gise Jaime trabajábamos en un restorán con coctelería, que se llamó Gordó, el menú con el que inauguramos fue una de las cosas que encontré en mi placard digital.

Agarrense fuerte a la silla porque esto está para alquilar balcones:

Okey, atendeme esa carta de vinos para 2016 en el interior del país. ¡¿Avarizza Canarí Rosé?! Qué level de hipsterismo. Obvio que era un incordio total gestionar esa selección de etiquetas. Eran mil proveedores que quebraban stock todo el tiempo, porque eran producciones chicas y mi pedido de dos cajas no era prioridad.

La cuestión es la carta de tragos. Puede que te suenen los nombres de los cócteles, puede que no. Lo más factible es que no te suenen y está bien, porque ponerle nombres de edificios estilo Art Decó a los tragos, es un guiño que quizás sólo parte de la población mega escolarizada de Islandia pueda entender.

Por las dudas, el Art Decó es un movimiento de diseño que impactó en la arquitectura (no literalmente) entre el final de la Primera Guerra Mundial y más o menos el final de la segunda. Es medio difícil de definir, digamos que en tipografía se usaban las sans-serif (son las de los títulos de estos correos, por ejemplo), en general las líneas rectas, y que se expresó tanto en proyectos más vinculados al monumentalismo, como la diseño de objetos. 

Sólo porque no puedo evitarlo, el Kavanagh es un edificio que está en Buenos Aires frente a plaza San Martín (en una época trabajé en un call center y cada vez que tenía que mandar a alguien a buscar algo a la oficina decía el speech como si me orientara lo más mínimo en la gran ciudad: “frente a plaza San Martín, apenas sale de la estación del subte”).

Resulta que frente a esa plaza está también lo que era el Palacio Paz -hoy es el círculo militar- que es inmenso y eso que ya no es lo grande que supo ser. El señor Paz era dueño de diario La Prensa y aspiraba a ser presidente de la nación. En diagonal a su palacio, cruzando la plaza, tenían su iglesia (el nivel de los ricos de la época era altìsimo). Resulta que tuvieron un entredicho con otra familia de alta alcurnia por un casamiento, y Corina Kavanagh dijo: nosotros también tenemos guita y somos pícaros. Así fue que les construyeron el edificio Kavanagh, para que no puedan ver su iglesia desde el living. Qué poco sorprende cómo se quemaron toda la guita en un par de generaciones, con ese level de inclinación hacia la telenovela, ¿no?


Veamos las recetas, que a eso vinimos


Tema nombres  y conventillo aparte, diré qué hay algunas recetas ahí que me gustan; otras que capaz no tanto, pero entiendo que conseguir whisky americano en ese momento en Córdoba era un bardo, por las trabas a las importaciones y todo eso. La primera, es una reversión forzada de Paper Plane, que es el tema de la fecha.


¿Escuchasta hablar alguna vez de un tal “paper plane”?


Yo diría que cuenta como clásico contemporáneo. Lo inventó un tipo, que inventó también otro clásico contemporáneo que es el Penicillin, el tipo es Sam Ross (de Milk & Honey/ Attaboy en Nueva York). Lo creó para The Violet Hour de Chicago, un bar en el que nunca laburó. Y por algún motivo que ni él conoce, el cóctel está en casi todos los menús de bares de Toronto.


La receta original

  • 22ml bourbon
  • 22ml Nonino Quintessentia amaro
  • 22ml Aperol
  • 22ml jugo de limón


¿Alguna vez viste una botella de Nonino Quintessentia amaro? Yo tampoco. Con Averna queda muy bien y sino, con Amaro Montenegro, anda. Esas me parecen las mejores opciones dentro de lo que se consigue en Sudamérica, aunque sé que no es que todas las personas tienen esas etiquetas en sus casas (yo tampoco las tengo, así que no me vengan a tocar la puerta).

Hay que batir todos los ingredientes, colar y servir en una copa coupé o afín previamente enfriada. No lleva garnish (muchas veces voto a favor de no ponerle decoración a las cosas).
 

¿Por qué es tan rico?


Uno pensaría que la pregunta es retórica, simplemente porque no es el tipo de preguntas que se pueda responder fácilmente. Pero yo soy valiente. Así que intaré responderla a continuación.

Es tan rico porque:

  1. El bourbon y los amaros combinan bien. Lo aprendimos con el Boulevardier, que lleva bourbon, Campari y vermut rosso. Ahí el amaro es el Campari. También con el Manhattan, que se prepara con bourbon, vermut rosso y bitter Angostura (esa combineta vermut+bitter casi casi cuenta como amaro, eh). Y de alguna manera también con el Old Fashioned, que lleva bourbon, syrup/azúcar y bitter Angostura.
  2. Porque el tipo es vivo, y en vez de ponerle un vermut para endulzar, usó Aperol, que no es un vermut, pero es de los más dulces de la familia aperitivos y -también- de los que menos alcohol tiene.
  3. Porque es fresquito. Para que sea así de pasador le puso limón. La acidez es lo que, como dicen las contraetiquetas de los vinos,  “invita a seguir tomando”.

Es un híbrido entre un brown and stirred (los del punto 1) y un sour (destilado, dulce, limón/lima), como un daiquiri.
 

CHRYSLER: la versión 2016


Bueno, no encontré ninguna foto de este cóctel en particular, pero viendo la vajilla, tiene sentido que se me haya ocurrido la referencia a lo Art Decó, esto es lo mejor que pude rastrear para ponerte en contexto, mirá:

La referencia al Paper Plane aún no servía de mucho, y menos si tenías sólo 4 asientos en la barra como para contar un poco de historia.

Averna todavía no estaba entrando al país, bourbon a veces había y otras veces no, el Cynar 70 aún no existía, así que, hicimos lo que pudimos. Ahora bien, si hay algo de lo que no nos estábamos quedando afuera era la moda de poner cócteles en barricas, no matter what. Tuvo sentido en un momento, y después ya se empezó a poner rarísimo. (¿Clarificar es el nuevo poner cosas en barricas?).
 

Paper Plane versión 2016, trabas a las importaciones y moda de barricas


En fin, nuestro Chrysler se hacía de la siguiente manera:

Primero armábamos un prebatch de scotch, Aperol y Cynar en partes iguales, y lo metíamos en un barrica. Luego, a la orden, sacábamos 90ml de esa barrica, le sumábamos el jugo de limón, lo batíamos y lo servíamos en una copa enfriada. Voilá. Ni idea si llevaba garnish, pero probablemente hubiese sido una piel de algo. 


En mi propia defensa


Estos son algunos de los pensamientos que tuve cuando volví a encontrar esté menú:

  • Inflación te odio, los cócteles costaban entre 80 y 85 pesos. Las copas de vino joven, boutique, fabricado con uvas que fueron a escuelas Montessori, $50.
  • La combineta café y tónica me sigue gustando. Ese vodka tonic con frambuesas posta me copa, y capaz me tomaría uno ahora, sino tuviera que ponerme a hacerlo yo misma.
  • ¿Cómo hacíamos para que la textura de un cóctel que llevaba mermelada de ciruela y birra no quedara rarísima? La combinación de sabores tiene sentido, no recuerdo la ejecución. Espero que haya sido un syrup y no una mermelada. 

El resto de los edificios


Si por algún extrañisimo motivo te intriga cómo se ven y dónde están los otros edificios que dieron nombre a los cócteles de esa carta, podés ver más acá: Leslie HotelChrylser BuildingPalacio RinaldiCine Cosmos.

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